Lectura adaptada de "El ahogado más hermoso del mundo" con ejercicios de comprensión lectora. Cuento de García Márquez para nivel B2

Cuento de García Márquez para nivel B2- Lectura graduada ELE

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Enara Villán Mirás

En esta página encontrarás el texto adaptado de El ahogado más hermoso del mundo, un cuento de García Márquez para nivel B2, con ejercicios para trabajar el texto. Es una versión reducida de la explotación didáctica completa para descargar.

Gabriel García Márquez (Colombia) escribió este cuento en el año 1968, y en él cuenta cómo la llegada de algo inesperado cambia toda la vida de un pueblo. La dificultad del texto original es superior a un nivel B2. Esta versión ha sido modificada lo mínimo posible para disfrutar de la escritura de Gabo y al mismo tiempo comprender el relato.

Cuento de García Márquez para nivel B2: El ahogado más hermoso del mundo

🐠 Fragmento 1: El ahogado

Los primeros niños que vieron aquella cosa oscura y silenciosa que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas y pensaron que era una ballena. Pero cuando llegó a la playa le quitaron las algas, las medusas y otros restos de mar que llevaba encima, y solo entonces descubrieron que era un ahogado. 

Habían jugado con él toda la tarde, enterrándolo y desenterrándolo en la arena, cuando alguien los vio por casualidad y avisó a la gente del pueblo. Los hombres que lo llevaron hasta la casa más próxima notaron que pesaba más que todos los muertos conocidos, casi tanto como un caballo, y se dijeron que tal vez había estado demasiado tiempo en el mar y el agua se le había metido dentro de los huesos. Cuando lo tendieron en el suelo vieron que había sido mucho más grande que todos los hombres, pues apenas si cabía en la casa, pero pensaron que tal vez ciertos ahogados tenían la capacidad de seguir creciendo después de la muerte. Olía a mar, y solo la forma permitía suponer que era el cadáver de un ser humano, porque su piel estaba cubierta de lodo. 

No tuvieron que limpiarle la cara para saber que era un muerto ajeno1. El pueblo tenía apenas unas veinte casas de tablas, con patios de piedras sin flores, en el extremo de un cabo desértico. La tierra era tan escasa que a los muertos tenían que tirarlos en los acantilados. Pero el mar era tranquilo y generoso, y todos los hombres cabían en siete botes. Así que cuando encontraron el ahogado les bastó con mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que estaban completos. 
Aquella noche no salieron a trabajar en el mar. Mientras los hombres averiguaban si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres se quedaron cuidando el ahogado. Le limpiaron el lodo, le desenredaron el cabello y le quitaron todos los restos de mar. Al hacerlo, notaron que sus algas eran de océanos lejanos y de aguas profundas, y que sus ropas estaban rajadas, como si hubiera navegado por entre laberintos de corales. Notaron también que su cara no tenía la expresión solitaria de otros ahogados de mar, ni tampoco el aspecto sucio y pobre de los ahogados en el río. Pero solamente cuando acabaron de limpiarlo tuvieron conciencia de la clase de hombre que era, y entonces se quedaron sin aliento2. No solo era el más alto, el más fuerte y el más hermoso que habían visto jamás, sino que todavía cuando lo estaban viendo no les cabía en la imaginación.

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Ordena lo que ocurre con el ahogado en los primeros párrafos de la historia.

👨🏾‍🦱 Fragmento 2: Esteban 

No encontraron en el pueblo una cama bastante grande para tenderlo ni una mesa bastante sólida para velarlo3. No le vinieron los pantalones de los hombres más altos, ni las camisas de los más gordos, ni los zapatos de aquellos con los pies más grandes. Fascinadas por su tamaño y su hermosura, las mujeres decidieron entonces hacerle unos pantalones con un buen pedazo de la vela de un barco, y una camisa, para que pudiera continuar su muerte con dignidad4. Mientras cosían sentadas en círculo, observando el cadáver, les parecía que el viento no había sido nunca tan fuerte ni el Caribe había estado nunca tan nervioso como aquella noche, y suponían que esos cambios tenían algo que ver con el muerto. Pensaban que si aquel hombre magnífico hubiera vivido en el pueblo, su casa habría tenido las puertas más anchas, el techo más alto y el piso más firme, y su cama habría sido de madera y hierro, y su mujer habría sido la más feliz. Pensaban que habría sacado los peces del mar con solo llamarlos por sus nombres, y habría hecho brotar manantiales5 de entre las piedras y habría podido sembrar flores en los acantilados. Lo compararon en secreto con sus propios hombres, pensando que no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquel era capaz de hacer en una noche. Andaban perdidas por esos laberintos de fantasía, cuando la más vieja de las mujeres, que por ser la más vieja había observado al ahogado con menos pasión que compasión, suspiró: 

—Tiene cara de llamarse Esteban. 

Era verdad. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Era Esteban. Las mujeres que lo habían vestido, las que lo habían peinado, las que le habían cortado las uñas y rasurado la barba sintieron compasión cuando tuvieron que dejarlo tirado por los suelos. Fue entonces cuando comprendieron cuánto debió haber sido de infeliz con aquel cuerpo inmenso, si hasta después de muerto le estorbaba. Lo imaginaron pasando de medio lado por las puertas, golpeándose con los techos, siempre de pie en las visitas sin saber qué hacer con sus manos gigantes, mientras la dueña de la casa buscaba la silla más resistente y le pedía muerta de miedo «siéntese aquí, Esteban, hágame favor», y él recostado contra las paredes, sonriendo, «no se preocupe, señora, así estoy bien», con dolor en los pies y en la espalda de tanto repetir lo mismo en todas la visitas, solo para no pasar la vergüenza de romper la silla, y quizás sin haber sabido nunca que quienes le decían «no te vayas, Esteban, espérate siquiera al café», eran los mismos que después susurraban «ya se fue el bobo grande, qué bueno, ya se fue el tonto hermoso». Esto pensaban las mujeres frente al cadáver un poco antes del amanecer. Más tarde, cuando le taparon la cara con un pañuelo para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto para siempre, tan parecido a sus hombres, que se les abrieron las primeras grietas6 de lágrimas en el corazón. Fue una de las más jóvenes la que empezó a llorar. Las demás la siguieron, porque el ahogado se les iba volviendo cada vez más Esteban, hasta que lo lloraron tanto que fue el hombre más desvalido7 de la tierra, el más manso y el más bueno, el pobre Esteban. Así que cuando los hombres volvieron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas sintieron una especie de alegría entre las lágrimas. 

—¡Bendito sea Dios —suspiraron—: es nuestro! 

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El ahogado era tan, pero tan grande, que tuvieron que fabricarle unos pantalones con un pedazo de vela de barco. ¿Conoces algún chiste “tan, tan”? Relaciona los siguientes:

🏘️ Fragmento 3: El pueblo de Esteban

Los hombres lo único que querían era quitarse de una vez el estorbo del forastero8 antes de que saliera el sol bravo de aquel día seco y sin viento. Improvisaron9 una camilla con restos de barcos para que resistiera el peso del cuerpo hasta los acantilados. Quisieron encadenarle a los tobillos un ancla para que las malas corrientes no fueran a devolverlo a la orilla, como había sucedido con otros cuerpos. Pero mientras más se apuraban, más cosas se les ocurrían a las mujeres para perder el tiempo. Andaban como gallinas asustadas picoteando amuletos de mar en los arcones10, unas estorbando por aquí porque querían ponerle al ahogado los amuletos del buen viento, otras estorbando allá para abrocharle una pulsera de orientación, y al cabo de tanto «quítate de ahí, mujer, ponte donde no estorbes, mira que casi me haces caer sobre el difunto», los hombres empezaron a molestarse y a preguntar el porqué de tantas joyas para un forastero, si por muchos amuletos y adornos que llevara encima se lo iban a masticar los tiburones, pero ellas seguían buscando, llevando y trayendo, tropezando, todo mientras suspiraban y lloraban, así que los hombres terminaron por protestar, diciendo que de cuándo acá tanta preocupación por un muerto al garete, un ahogado de nadie, un fiambre de mierda. Una de las mujeres, muy ofendida por tanta falta de empatía, le quitó entonces al cadáver el pañuelo de la cara, y también los hombres se quedaron sin aliento. 

Era Esteban. No hubo que repetirlo para que lo reconocieran. Esteban solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba tirado, sin botines, con unos pantalones pequeños y esas uñas con rocas de mar que solo podían cortarse a cuchillo. Bastó con que le quitaran el pañuelo de la cara para darse cuenta de que estaba avergonzado, de que no tenía la culpa de ser tan grande, ni tan pesado, ni tan hermoso, y si hubiera sabido que aquello iba a suceder habría buscado un lugar más discreto para ahogarse, «en serio, me hubiera amarrado yo mismo un ancla en el cuello y me hubiera caído como quien no quiere la cosa11 por los acantilados, para no andar ahora estorbando con este muerto de miércoles12, como ustedes dicen, para no molestar a nadie». Había tanta verdad en su modo de estar, que hasta los hombres más duros se emocionaron con la sinceridad de Esteban. 

Fue así como le hicieron los funerales más magníficos que podían imaginarse para un ahogado. Algunas mujeres que habían ido a buscar flores en los pueblos vecinos regresaron con otras que no creían lo que les contaban, y estas se fueron por más flores cuando vieron al muerto, y llevaron más y más, hasta que hubo tantas flores y tanta gente que apenas si se podía caminar. A última hora les dolió devolverlo huérfano a las aguas, y le dieron un padre y una madre entre los mejores, y otros se le hicieron hermanos, tíos y primos, así que a través de él todos los habitantes del pueblo terminaron por ser parientes entre sí. Mientras decidían quién tendría el privilegio13 de llevarlo en hombros por los acantilados, hombres y mujeres tuvieron conciencia por primera vez de la tristeza de sus calles, la sequedad de sus patios, lo pequeños que eran sus sueños, frente al esplendor14 y la hermosura de su ahogado. Lo soltaron sin ancla, para que volviera si quería, y cuando lo quisiera, y todos retuvieron el aliento durante el tiempo que demoró la caída del cuerpo. No tuvieron la necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás. Pero también sabían que todo sería diferente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin golpearse, y que nadie se atreviera a susurrar en el futuro «ya murió el bobo grande, qué lástima, ya murió el tonto hermoso», porque ellos iban a pintar la fachadas de colores alegres para guardar la memoria de Esteban e iban a excavar manantiales en las piedras y sembrar flores en los acantilados, para que en los amaneceres de los siguientes años los pasajeros de los grandes barcos despertaran con un olor de jardines, y el capitán tuviera que bajar a la cubierta, y señalando las rosas en el horizonte del Caribe dijera en catorce idiomas, «miren allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia dónde mirar los girasoles, sí, allá, es el pueblo de Esteban». 

Texto adaptado de Doce cuentos peregrinos. Colombia


  1. ajeno: que pertenece otro lugar, a otra persona ↩︎
  2. quedarse sin aliento: quedarse sin palabras, sorprenderse ↩︎
  3. velar: cuidar durante la noche ↩︎
  4. dignidad: valor y respeto que una persona tiene por sí misma ↩︎
  5. manantial: lugar natural donde nace el agua del suelo ↩︎
  6. grieta: línea que se crea cuando algo se rompe ↩︎
  7. desvalido: persona que necesita ayuda porque no puede valerse por sí misma ↩︎
  8. forastero: persona que viene de otro lugar ↩︎
  9. improvisar: hacer o decir algo sin haberlo preparado antes ↩︎
  10. arcón: caja grande y fuerte, generalmente de madera, que sirve para guardar cosas ↩︎
  11. como quien no quiere la cosa: hacer algo sin que se note, con disimulo ↩︎
  12. de miércoles: muy malo; forma suave para no decir “de mierda” ↩︎
  13. privilegio: ventaja especial o derecho exclusivo de una persona ↩︎
  14. esplendor: perfección ↩︎

📖 Actividad de comprensión lectora

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Responde a las preguntas sobre este cuento de García Márquez para nivel B2.

Explotación didáctica de El ahogado más hermoso del mundo, cuento de García Márquez para nivel B2

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